Publicado por: Tío Jander
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Quizá fuese lógico esperar aquí algunas referencias a un tiempo ya lejano en la historia de la Humanidad. Podría ser adecuado referirnos a los pasados 25.000 años, durante los cuales nuestra arma favorita trabaja codo con codo junto a nuestros ancestros,

quienes dejan señales inequívocas de su uso cinegético y bélico en forma de representaciones gráficas que todos conocemos. Igualmente, sería tentador y apropiado narrar los avatares que, finalmente y tras el advenimiento de la pólvora negra, relegaron a nuestro fiel amigo a un segundo plano, del que tardaría muchos años en salir, haciéndolo casi exclusivamente como herramienta de caza y gestión de naturaleza.
Pero, por aquello de saltarnos la tradición, en lugar de todo eso, perfectamente documentado y bastante conocido, vamos a contar una leyenda de los primeros años del siglo xx, una maravillosa historia que, además, es absolutamente real...
Corre agosto del año 1911, y nos encontramos en la Baja California. El último miembro de la tribu Yahi, y posiblemente el último indio americano puro, abandona las colinas cercanas a su hogar y se acerca a Mount Lassen, solo, desnudo y hambriento. Sale así de la Edad de Piedra y entra en pleno siglo XX, con la buena suerte de topar con un sheriff comprensivo, quien le confía a los cuidados médicos de Saxton T. Pope y de su amigo Arthur Young. Entabla amistad con ambos y comienza a vivir como conserje del Museo Antropológico de la Universidad de California, donde morirá el 25 de marzo de 1916 a causa de una gripe, ante la cual su cuerpo no es capaz de reaccionar. Durante esos cinco años, amén de su colaboración con eminentes antropólogos en trabajos sobre el origen de su propia lengua, Ishi enseña a Pope y a Young nada más y nada menos que a fabricarse arcos y flechas útiles para la caza y, obviamente, a utilizarlos.
Tras la muerte de Ishi, Pope y Young comienzan a recorrer su inmenso país, cazando la mayor parte de los ejemplares de caza mayor y menor con la ayuda de simples longbows; llegarían incluso a abatir grandes animales africanos, siempre siguiendo las enseñanzas de su amigo desaparecido. Para mí, la lección es evidente, y muy hermosa: el último hombre rojo regala a sus hermanos blancos el don espléndido del conocimiento, la disciplina cinegética más noble y antigua: la última frontera comenzaba así a tomar forma.
Las hazañas cinegéticas de los dos compañeros ya son conocidas por el gran público americano; los clubes de caza con arco florecen por doquier. Solamente existe un obstáculo para la gran expansión de este deporte: la elevada potencia necesaria para practicar la caza con arco, que limita su uso a hombres en buena forma física. Así las cosas, Howard Wilbur Allen patenta en 1966 el arco de poleas, dispositivo que permite la desmultiplicación del libraje del arco en el momento de su apertura: el camino hacia el éxito estaba ya dispuesto.
Mientras tanto y más tarde, gigantes de nuestro deporte comenzaban a levantar sus particulares leyendas. Hombres como Howard Hill, Fred Bear, Ben Pearson o Glenn Saint-Charles, allanaron el camino para los más jóvenes. Chuck Adams, G. Fred Asbell o M.R. James son un simple botón de muestra. Se iniciaba así la Edad de Oro de la caza con arco contemporánea, nuestro más directo antecedente como cazadores arqueros.
Pero ¿cuál es en realidad el estado de la cuestión hoy día? ¿En qué ha cristalizado esta auténtica leyenda del siglo XX? Con relativa prontitud, las reglas de este arte cinegético y su peculiar sutileza atrajeron el interés de autoridades gubernativas y de científicos, seguidos más tarde por los ecologistas. Una forma de caza basada en la cautela, en el sigilo y en la aproximación silenciosa ofrecía, sin lugar a dudas, una gran oportunidad para desarrollar, a partir de ella, una excelente herramienta de gestión de naturaleza: era perfectamente posible controlar la expansión de una determinada especie en un ecosistema concreto sin alterar las circunstancias de otras muchas que habitasen en el mismo lugar, máxime frente a la lenta pero inexorable desaparición de predadores naturales. Lógicamente, esa tarea debería recaer sobre auténticos especialistas, deportistas sin afán de lucro que ejercieran la oportuna presión cinegética sobre objetivos designados por las Agencias de Medio Ambiente de cada estado de la Unión.
El siguiente paso, como es natural, consistiría en preparar y documentar debidamente a tales cazadores arqueros, naciendo de este modo la tradición pedagógica americana en la materia, dignamente representada por el IBEP (International Bowhunters Education Program), elaborado por el IBEF (International Bowhunters Education Foundation), entidad no estatal, sin ánimo de lucro, que cuenta con la confianza de las autoridades con competencias sobre la naturaleza salvaje y la caza. Los arqueros, avalados por sus credenciales IBEP, cazarían gratis en determinados
ecosistemas, o por cantidades ridículas, favoreciendo la salud de la herencia natural de la nación al mismo tiempo que practicando su deporte favorito: do ut des. Creo que resulta imposible, para el cazador medio español, arquero o no, dejar de sentir cierta punzada de envidia al imaginarse semejante panorama, absolutamente idílico, dentro de nuestras fronteras...
Y así, poco a poco, la caza con arco fue adoptando el rostro amable que hoy conocemos. La limpieza de sus lances y su extrema dificultad comenzaron a trabajar a favor de la expansión de la imagen del cazador arquero como cazador ecologista, responsable de sus acciones, enamorado del monte y de la caza y deportista respetuoso al máximo de las reglas del arte. Hoy día, esta idea ha tomado cuerpo fuertemente, y es, de hecho, la mejor tarjeta de visita de un auténtico cazador arquero. Sin lugar a dudas, es nuestro tesoro más preciado, y debemos luchar día a día por conservarlo intacto. En este sentido, la propia caza con arco se defiende a sí misma con loable eficacia: no es éste un deporte apropiado para sujetos ansiosos de llenar el morral a toda costa, que sufren y se disgustan si en una jornada cualquiera no tocan pelo o pluma; recuérdese que un cazador arquero medio posee un índice de éxito cercano al diez por ciento, es decir, muy similar al de un depredador natural. Ella misma se desprende con facilidad de este tipo de cazadores, por llamarles de alguna manera; por desdicha, he conocido a unos cuantos...
Por si hubiera algún malintencionado ahí afuera, aclararé que no menosprecio en ningún momento, nada más lejos de mi intención, la nobleza con la que muchos compañeros de afición disfrutan de su deporte, si bien lo hacen con un arma de fuego en la mano. Después de muchos años enredando con cazadores de muy diversas procedencias y estilos, puedo afirmar, con un punto de sano orgullo, que la calidad del gremio en lo que a ética de la caza se refiere, mantiene un más que aceptable nivel.
Como muestra de la necesidad pedagógica que contiene la caza con arco, y como nuevas facetas del apasionante deporte que representa, se desarrollarían los recorridos de bosque en sus mod
alidades 2D y 3D, que en la actualidad se practican asiduamente en nuestro país como modalidades deportivas perfectamente asentadas entre nosotros. Cualquier arquero que se precie de serlo, cazador o no, no debería dejar pasar la oportunidad de tomar parte en uno de estos eventos; además de divertidos, son una perfecta escuela de tiro y de caza, por el gran realismo que suele comportar el trazado de sus recorridos, sobre todo si hablamos de los 3D. Por cierto, aviso para caminantes: su práctica engancha con una pasmosa rapidez; se trata, pues, de una sanísima droga de poderosos efectos.
Después de este apresurado repaso al contenido de la caza con arco contemporánea, creo que el resto ya incumbe a cada arquero y a cada arquero cazador. Explorar los amplios territorios que ofrece nuestro deporte favorito es una tarea que bien puede ocupar una vida entera.
Salud y buena caza; bienvenidos al apasionante mundo de la caza con arco. ¿Se refería, quizás, el mítico "Caballo Loco" a nuestra particular manera de relacionarnos con lo salvaje? Quien quiera entender, que entienda...
Mariano Gómez García
Monitor RFEC
Cazador Arquero Cualificado
Cualifiqued IBEP