publicado por: Tío Jander. Etiquetas: fauna-y-comportamiento

Cerca de alguna baña seguramente encontraremos el tronco, lugar de placeres de nuestros cochinos. Restregones, hocicadas, mordiscos entre otros pueden ser los rastros de presencia que podemos encontrar.

Casi todos los mamíferos tienen la costumbre, necesidad o placer de arrascarse ó frotarse, ya sea con sus patas, cuernos, hocico ó utilizando algo suficientemente rígido – como un tronco de árbol- este es el caso de los cochinos.

Por otro lado, por razones que atienden a la propia anatomía de los suidos, las hembras de jabalí no lamen a sus crías, como ocurre con las ciervas o las corzas. La anatomía de la lengua del jabalí es ...diferente, es corta, más rígida y con mucha menor movilidad.
Los cochinos no caminan o corren con la lengua fuera – ni tras recorrer grandes distancia, ni cuando hace mucho calor -.
Se podría decir que los jabalís no traspiran, apenas tienen glándulas sudoríparas.

Una de las razones aceptadas del frotar sobre los trocos de los árboles es la puramente sanitaria. Tras el baño de barro, el cochino se desprende de los parásitos que han quedado atrapados en el barro mientras se restriega contra el tronco.
Algunos expertos esgrimen otras razones para este comportamiento. Esgrimen que es, un sistema de comunicación de estatus o jerarquía, por el que trasmiten a sus congéneres su tamaño, su fuerza, o incluso sus intenciones para con el grupo.

Al igual que, en el caso de los corzos, la elección del grosor de los árboles sobre los que limpian sus cuernos, los cochinos son también selectivos. Suelen elegir árboles de buen grosos y resistentes a la flexión.
Los árboles resinosos son especialmente apreciados, seguramente por las cualidades insecticidas de la resina.
De todos es conocida la atracción que les produce a los cochinos los productos de fuerte olor: alquitrán, gasoil, insecticidas, etc.

En cualquier caso, los refriegas de barro son generales de machos y hembras, y se pueden encontrar en cualquier edad y época del año.

Son más típicas de los machos, los colmillazos que astillan el tronco y eliminan la corteza de los árboles. Las marcas dejan ver que se hacen de abajo a arriba y suelen hacerse en la zona más alta. Estas marcas si parecen tener una finalidad más territorial o de comunicación jerárquica del cochino que marca ante el resto de cochinos de la zona.

Durante la época de celo o – lo que sería más preciso - durante el tiempo en que se encuentre una hembra en celo en la zona, los jabalís machos sueles dejar restos de saliva mucosa sobre los troncos y arbustos. La cantidad, la altura a la que se dejan y la forma, seguramente es otro indicador de estatus del jabalí que lo realiza. Algunos de estos restos, tras ser estudiados, permiten ver grandes concentraciones de hormonas masculinas que provienen de glándulas situadas en la boca. Parece razonable pensar que la propia acción de acuchillar los troncos es el estímulo que hace aflorar este tipo de mucosidad de aspecto baboso.

La interpretación de estos indicadores es una herramienta para todo cazador. Aunque escritos en otro lenguaje – que no es el nuestro y de no siempre fácil traducción – resulta muy interesante su estudio. La práctica y la contemplación es la mejor forma – por no decir la única – de conocer algo sobre la información que podemos conseguir de estas marcas.
En ocasiones, los “ daños colaterales “, son tanto ó más explicativos que las propias marcas. Los pelos que se dejan en el barro, el desgaste del tronco, la humedad del barro, el desgaste del suelo, la distancia desde la que se apoyan para rascarse, la hora aproximada a la que entran, etc.

Una enciclopedia, en un lenguaje.......”extraño”.

Alejandro Martin Santamaria