Hoy es  
 
 
 
 
LA MANERA IMPORTA MAS QUE EL RESULTADO
 

 


Tal vez, sorprenda  escuchar que la caza con arco pueda considerarse por algunos como la forma tecnológicamente más moderna de caza.
Desde   Otzi, el hombre de hielo de hace 5.500 años,  a nuestros días poco se ha cambiado en cuanto a material: los arcos y las flechas. Nada cambia en cuanto a la forma y a la manera de cazar.


A pesar de esto, aquel cazador y el de hoy utilizan  la herramienta más poderosa creada por la naturaleza, el cerebro.
Es cierto que Otzi cazaba para su sustento  y el cazador actual lo hace por puro deporte. También es cierto que la capacidad y adaptación sensorial de Otzi sería mucho mayor que la del hombre de hoy, más atrofiado en estos menesteres.
El cazador actual, difícilmente capta el olor o el ruido de sus presas. La mayoría de nosotros no percibimos, ni si quiera, los cambios de dirección del viento sin la consulta de algún medio externo.
 El hombre de hielo, que fue encontrado en el Tirol en 1.991, portaba un arco de tejo  de casi  80 libras de potencia, flechas de viburno y puntas de cuerno.
El cazador arquero de hoy suele utilizar potencias similares  y artilugios parecidos, con terminaciones probablemente más industriales pero en esencia  nada parece haber avanzado.

Si esto es así, llamar moderna a esta forma de cazar es poco menos que inconsecuente.

Los desarrollos tecnológicos de artefactos de caza, y militares adaptados a la caza, han permitido ir prescindiendo de los  atributos e instintos necesarios en un cazador. Son, estas dotes naturales, sustituidas por la destreza en el uso de las modernas armas   y en la capacidad del cazador para desplazarse allí donde, fácilmente, se pueden localizar sus piezas.

La caza con arco es hoy una nueva “Frontera del Noroeste”, un reto de singular potencia.  La lucha contra nuestras propias facultades, el redescubrimiento de nuestros instintos más arcaicos, más ancestrales, el renacimiento  de nuestros sentidos en un medio hoy desconocido,  es el objetivo.

En este entorno, si  que se puede decir que, la caza con arco es la más moderna forma de cazar, pues precisa utilizar el arma más poderosa, potente y avanzada de todos los tiempos,  nuestra mente.
La lucha no se realiza contra la pieza de caza. No se trata, solo, de abatirla  sino de hacerlo valiéndonos  de nuestros sentidos e instintos  puestos en liza contra los de nuestro adversario.  Abierta la  competencia entre estos y los del animal, vendremos a convenir que se trata de un reto desigual, motivador y tentador.

Cada cazador establece las reglas de juego, las herramientas a utilizar. Cuanto más desarrolladas son estas, más lejanos estaremos de nuestra  “Frontera del Noroeste”, y digo de nuestra, pues  no nos engañemos, el reto está en nosotros.

Llegados a este punto, podemos decir que la caza con arco  es una liturgia o un rito, que con el fin último de dar caza a una pieza, nos permite  escalar en nuestros más íntimos instintos aflorándolos y trasportándoles desde... allí donde estén, ancestralmente escondidos.
El avance  esta, no en la búsqueda de un trofeo, sino más bien en la de ansiar  una sensación. Este elemento, considero que es un avance, por lo inmaterial y etéreo del objetivo, mucho más sutil, menos mesurable.
Las formas, son  en fin, más relevantes y preponderantes, que los resultados, pues podremos no alcanzar estos y conseguir los primeros.
La caza, llamémosla  desde aquí  tradicional, habla de resultados, mediciones de trofeos, disparos inverosímiles, etc. La caza con arco habla de sensaciones, lances y más comúnmente calla y reserva para uno la poco fácil de explicar sensación que se persigue y que algunas veces, solo algunas veces, se logra percibir a solo unos palmos de distancia.

La eficacia técnica de la caza con arco, solo se consigue a distancias muy cortas. Un rifle nos permite trabajar con cierta lógica en un entorno de  hasta 150 metros, mientras que en comparables  posiblidades, un arco lo hace en 15 metros.
Para poder colocarse, o colocar a las piezas, a estas distancias, es preciso desarrollar técnicas de aproximación y aguardo que, seguramente, deberemos  rescatar de lo más recóndito de nuestro ser. Allí han permanecido, dormidas, durante casi 5.000 años.

Práctica constante en el dominio del arco, aprendizaje y estudio de las piezas de caza y su entorno, un continuo zambullirse en la naturaleza hasta resultar casi parte de ella, es lo que se exige, a sí mismo, el cazador arquero de hoy.
 
De  todo lo anterior  podríamos decir que la caza con arco, no es ni más ética, ni más respetuosa, ni más deportiva, ni más compleja que el resto de las formas de cazar, por el hecho de hacerlo con un arco. La caza es ética, respetuosa o deportiva si lo es el cazador. La exigencia y humildad con que el cazador arquero se enfrenta a la Naturaleza no es diferente a aquella con la que lo hace el cazador de arma de fuego. En esto, como en tantas cosas, coger un arco no  tiene que hacernos, y no nos hace, diferentes.


Alejandro Martín Santamaría
“ TioJander”

Monitor Nacional de Caza con Arco RFEC
Instructor NBEF-IBEP
 

 

 

 
 
 
 
 
 
LA MANERA IMPORTA MAS QUE EL RESULTADO
BUENA NARIZ
 
 
 
 
 
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